Prometí no volver a escribirte...
Prometí no volver a escribirte
hasta que tu perfume
golpeó mi estómago
la mañana de un miércoles
cualquiera.
El primer día del final dijiste:
“No quiero que me mires
como antes
pero tampoco soporto
que no lo hagas.”
— Mirarte es beber leche en el desierto.—
Éramos una tela de araña
que atrapa cada recuerdo
en una red
Empecé a echar de menos mis raíces cuando olvidé tu nombre.
Prometí no volver a escribirte
Prometí no volver a escribirte
Prometí no volver a escribirte, joder,
Prometí no volver a escribirte...
y no puedo parar de hacerlo.
lunes, 8 de diciembre de 2014
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Si acaso es que tú.
Tengo el domingo alojado en la garganta,
una canción de Andrés pidiendo cita
para este domingo de nostalgia y
un telón de luto
que no quiere presentar una obra llena
de actores muertos.
Una mariposa putrefacta
aleteando en mi tráquea.
Una copa de vino caliente
desmembrando cimientos
de murallas
hechas viento.
Y yo en llamas.
Hay una sombra de mujer posada en la pared
de mi cuarto.
Tengo los pies fríos,
las manos en modo río
y unas ganas inaguantables
de comerle los miedos
al suelo.
Somos tinieblas imaginarias
buscando respuestas
a cosas que nadie pregunta.
Tengo los sentimientos a piel de flores
y un cocodrilo que navega alrededor de un foso
con mi imagen flotando esperando a ser
devorada.
Nunca encontraré el norte
porque mi corazón
pertenece al sur.
Seguiré remando
si acaso es que oscurece
si acaso es que vuelve
si acaso es que tú.
una canción de Andrés pidiendo cita
para este domingo de nostalgia y
un telón de luto
que no quiere presentar una obra llena
de actores muertos.
Una mariposa putrefacta
aleteando en mi tráquea.
Una copa de vino caliente
desmembrando cimientos
de murallas
hechas viento.
Y yo en llamas.
Hay una sombra de mujer posada en la pared
de mi cuarto.
Tengo los pies fríos,
las manos en modo río
y unas ganas inaguantables
de comerle los miedos
al suelo.
Somos tinieblas imaginarias
buscando respuestas
a cosas que nadie pregunta.
Tengo los sentimientos a piel de flores
y un cocodrilo que navega alrededor de un foso
con mi imagen flotando esperando a ser
devorada.
Nunca encontraré el norte
porque mi corazón
pertenece al sur.
Seguiré remando
si acaso es que oscurece
si acaso es que vuelve
si acaso es que tú.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Semáforos.
Hoy he soñado con una explicación.
Con esa que no me debes,
con esa que no voy a pedirte
y sin embargo
deseo.
Voy manteniendo el equilibrio
entre las luces
que le ponen nombre a la lluvia
en esta ciudad-maravilla.
Corro por el filo de los adoquines
sin temer al coche que me empape
por fuera
también,
como en una carrera por salvarnos
de la muerte.
Son las siete de la mañana y ya huelo a café
suenan las tostadas,
ahora todos los desayunos
me saben a nostalgia
desde que tú no formas parte de ellos.
Me prometí fijar el límite al
compás de una balanza sin pesos,
pero cómo medir un sentimiento al que
no supimos ponerle
nombre.
He llegado al punto clave.
Sé la distancia concreta entre líneas
blancas y asfaltadas.
Sé lo rápido que debo saltar
si no quiero ser atropellada
por un beso tuyo.
Hace tiempo que dejó de darme miedo cruzar con los semáforos en rojo.
Con esa que no me debes,
con esa que no voy a pedirte
y sin embargo
deseo.
Voy manteniendo el equilibrio
entre las luces
que le ponen nombre a la lluvia
en esta ciudad-maravilla.
Corro por el filo de los adoquines
sin temer al coche que me empape
por fuera
también,
como en una carrera por salvarnos
de la muerte.
Son las siete de la mañana y ya huelo a café
suenan las tostadas,
ahora todos los desayunos
me saben a nostalgia
desde que tú no formas parte de ellos.
Me prometí fijar el límite al
compás de una balanza sin pesos,
pero cómo medir un sentimiento al que
no supimos ponerle
nombre.
He llegado al punto clave.
Sé la distancia concreta entre líneas
blancas y asfaltadas.
Sé lo rápido que debo saltar
si no quiero ser atropellada
por un beso tuyo.
Hace tiempo que dejó de darme miedo cruzar con los semáforos en rojo.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Ilusos.
Ingrávidos, pálidos
etílicos, tácitos
ilícitos,
columnas sin dintel.
Humanos
deshumanizados
sin amor.
Muertos en vida obnubilados en lo superfluo.
Árboles secos
pasando desapercibidos ante
un mundo lleno de hojas
coloridas que viajan ansiosas
entre el viento
que mece el perfume del incienso
incipiente del callejón.
Autómatas onanistas,
ascetas profetizando
pueblos pacíficos
convertidos en ceniza.
Renuncias de sentimientos
en proceso de crecimiento errático,
vergüenzas disidentes buscando
un logaritmo
exacto.
Vacíos llenos de caídas al precipicio.
Nos escondemos para llorar
porque nos han instruido
en la debilidad
como seres alienados,
dormidos
apagados
que buscan símiles de antónimos
varados
en un mar de insatisfacción.
Redundantes siluetas personificadas
en claustrofobias anoréxicas
que anhelan el espejismo del
amor que nos han metido en la cabeza.
Somos soledad irradiando luz,
ascetas fieles a la violencia
del más culto,
palurdos explotados que salpican
su sangre tratando de curarse a sí mismos.
Guerreros buscando explicaciones
a preguntas que no saben formular,
artistas que no tienen que saber de arte
para crearlo,
robots cercenados
en la supremacía del mecenazgo.
Ausencias anuales repartidas
al mejor postor,
nubes calavéricas,
esqueletos que florecen
en un jardín de ensueño
intentando paliar la nostalgia
de una espera
eterna,
de un final rotundo
de un amor sin rumbo.
Navegantes del recuerdo,
soñadores de lo eterno.
Ilusos.
etílicos, tácitos
ilícitos,
columnas sin dintel.
Humanos
deshumanizados
sin amor.
Muertos en vida obnubilados en lo superfluo.
Árboles secos
pasando desapercibidos ante
un mundo lleno de hojas
coloridas que viajan ansiosas
entre el viento
que mece el perfume del incienso
incipiente del callejón.
Autómatas onanistas,
ascetas profetizando
pueblos pacíficos
convertidos en ceniza.
Renuncias de sentimientos
en proceso de crecimiento errático,
vergüenzas disidentes buscando
un logaritmo
exacto.
Vacíos llenos de caídas al precipicio.
Nos escondemos para llorar
porque nos han instruido
en la debilidad
como seres alienados,
dormidos
apagados
que buscan símiles de antónimos
varados
en un mar de insatisfacción.
Redundantes siluetas personificadas
en claustrofobias anoréxicas
que anhelan el espejismo del
amor que nos han metido en la cabeza.
Somos soledad irradiando luz,
ascetas fieles a la violencia
del más culto,
palurdos explotados que salpican
su sangre tratando de curarse a sí mismos.
Guerreros buscando explicaciones
a preguntas que no saben formular,
artistas que no tienen que saber de arte
para crearlo,
robots cercenados
en la supremacía del mecenazgo.
Ausencias anuales repartidas
al mejor postor,
nubes calavéricas,
esqueletos que florecen
en un jardín de ensueño
intentando paliar la nostalgia
de una espera
eterna,
de un final rotundo
de un amor sin rumbo.
Navegantes del recuerdo,
soñadores de lo eterno.
Ilusos.
viernes, 24 de octubre de 2014
Tierra prometida.
Hay armaduras
que se derriten
ante una sonrisa
capaz
de sortear cualquier
abismo.
Hay bocas que crean adicción,
corazas que protegen, inútilmente, a dos corazones
que mueren de ganas de follarse
cada noche.
Hay besos de nenúfar que deshacen
la ropa que nos sobra
de los ojos
y le falta al suelo.
En la tierra prometida ya no hay oro. Está tu boca.
que se derriten
ante una sonrisa
capaz
de sortear cualquier
abismo.
Hay bocas que crean adicción,
corazas que protegen, inútilmente, a dos corazones
que mueren de ganas de follarse
cada noche.
Hay besos de nenúfar que deshacen
la ropa que nos sobra
de los ojos
y le falta al suelo.
En la tierra prometida ya no hay oro. Está tu boca.
jueves, 16 de octubre de 2014
Caos.
Sus ojos eran pura vorágine.
Su pelo, mecido por el tornado de su boca,
rozaba mis mejillas tatuando su recuerdo
en los días de ausencia.
Sus labios sabían a cerveza y os juro
que Atila mataría
por un simple roce de
esa piel con sabor a té.
¿Magia?
Quizás.
Esa sonrisa no era de este mundo.
Conseguía vislumbrar el deseo en su vello erizado
con el mínimo roce de mis dedos,
el brillo de sus pupilas, que reflejaba la luz de una farola
lejana,
al fondo.
Cómo definirla sin nombrarla.
Era un corazón agorafóbico
en un cuerpo con claustrofobia.
El último peldaño,
el principio del fin,
el camino al Cadalso,
el poeta sin caos
Goliath sin David.
Una noche mordió mis miedos sin
mediar palabra
y mis pupilas se dilataron
como las teclas de un piano
destinado a caer de un sexto piso.
No había droga más dura
que sentir sus dientes
paseando por mi cuello.
No había arte más puro
que verla desnuda
retratada en el lienzo
de mi mente.
Me besaba, me mordía,
acariciaba cada retazo de debilidad
con la ternura y el miedo
con el que se acaricia a un
animal herido
que puede llegar a matarte
en una milésima de segundo.
No tenía miedo.
Su nombre...era Recuerdo.
Su pelo, mecido por el tornado de su boca,
rozaba mis mejillas tatuando su recuerdo
en los días de ausencia.
Sus labios sabían a cerveza y os juro
que Atila mataría
por un simple roce de
esa piel con sabor a té.
¿Magia?
Quizás.
Esa sonrisa no era de este mundo.
Conseguía vislumbrar el deseo en su vello erizado
con el mínimo roce de mis dedos,
el brillo de sus pupilas, que reflejaba la luz de una farola
lejana,
al fondo.
Cómo definirla sin nombrarla.
Era un corazón agorafóbico
en un cuerpo con claustrofobia.
El último peldaño,
el principio del fin,
el camino al Cadalso,
el poeta sin caos
Goliath sin David.
Una noche mordió mis miedos sin
mediar palabra
y mis pupilas se dilataron
como las teclas de un piano
destinado a caer de un sexto piso.
No había droga más dura
que sentir sus dientes
paseando por mi cuello.
No había arte más puro
que verla desnuda
retratada en el lienzo
de mi mente.
Me besaba, me mordía,
acariciaba cada retazo de debilidad
con la ternura y el miedo
con el que se acaricia a un
animal herido
que puede llegar a matarte
en una milésima de segundo.
No tenía miedo.
Su nombre...era Recuerdo.
sábado, 11 de octubre de 2014
La Nada.
Todo este frío, que llega tardío,
calienta la punta de mi lengua
imitando la lascivia
de un recuerdo
voraz que me come por
dentro.
No quiero asustarte
pero siempre fui de creer que
nunca se come
de la misma mano que ya te mató
una vez.
Nos sumergimos
en sábanas de hierro frío
para proteger un corazón
incandescente.
Huimos de la verdad
acariciando el pelo
de todas nuestras debilidades,
adoramos a inventadas deidades,
a figuras convertidas en arte,
a mentiras que llenaron una nada.
Y esa “nada"... eras tú.
calienta la punta de mi lengua
imitando la lascivia
de un recuerdo
voraz que me come por
dentro.
No quiero asustarte
pero siempre fui de creer que
nunca se come
de la misma mano que ya te mató
una vez.
Nos sumergimos
en sábanas de hierro frío
para proteger un corazón
incandescente.
Huimos de la verdad
acariciando el pelo
de todas nuestras debilidades,
adoramos a inventadas deidades,
a figuras convertidas en arte,
a mentiras que llenaron una nada.
Y esa “nada"... eras tú.
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