lunes, 12 de enero de 2015

Si pudiera besarte ahora mismo, estaría besándote desde ayer.

He mirado a los ojos de la muerte
y he sacado de mis entrañas el te quiero
que llevaba escondiendo tanto tiempo
en estos trozos de cristal roto
al que algunos osan llamar
corazón.

— Se me han saltado las lágrimas al saborearlo— .

He suspirado, he conseguido volar
hasta tu boca y he susurrado un:
“Quiero besarte hasta las lágrimas que aún no han caído.”

Pero, ¿qué se puede esperar de una persona
que te abraza tan fuerte que consigue unir
lo que llevaba tanto tiempo roto?

Quiero tener el descaro
de aprenderme de memoria los lunares de tu espalda,
porque sí,
cada lunar suma una razón para besarte
y te aseguro que sería capaz de pintarte,
una a una, todas las constelaciones de cada galaxia.

— No puedo calmar a las musas cuando se trata de ti— .

Has abierto la caja de Pandora
y un ejército de mariposas
ha cubierto mis sábanas de tu perfume.

— Mi coraza está volando por los aires que mecen tu pelo— .

Ya te lo dije una vez.
Si pudiera besarte ahora mismo, estaría besándote desde ayer.





miércoles, 7 de enero de 2015

Amélie se equivocaba: Son tiempos difíciles para los que no sueñan contigo.

Imagina a Amélie
dentro de una película de Wes Anderson.
Imagina que tiene los ojos de Caperucita
y la boca del lobo.
Imagina un bolso amarillo, una sudadera gris, los labios rojos.


¡Imagina!
Mirarte es contemplar una estatua de Bernini
al borde de la destrucción más absoluta,
analizando su belleza hasta el último segundo,
antes de romperse
en mil pedazos.

—Algo tan irreparable como yo, supongo—.

A nadie le gusta saber hasta qué punto es un cobarde,
y yo fingí armarme de valor
para llenarte la boca de flores.
Aún no sé si fue un acto de valentía
o me poseyó el miedo de escuchar a la nada
más que a ti.
Y qué ingenua.

Supe que eras tú
cuando te vi bailar con el silencio
y
no
eché
de
menos
la
música.

Pero,
¿cómo le explicas a un pájaro
que te has enamorado de las alas que le arrancaron?
A ver quién coño le explica ahora al Sol que prefiero
verte amanecer a ti.

Deséame con suerte,
que me he perdido en el Triángulo de las Bermudas
que tienes en tu mano izquierda y estoy dispuesta
a encontrarte a besos por la Osa Mayor que llevas tatuada
a lunares en tu brazo derecho.

—Como si perderse y encontrarse en la misma piel no fuera suficiente señal—.

Deseémonos, amor;
que la tierra no se cansa de mirarte
cuando pasas frente a fantasmas de mirada vacía.
Y qué envidia.

Nunca escribo poemas a chicas de las que no me acabo enamorando.
Y siento decirte
que no podré
                                                                                                    [evitar]
convertirte en poesía.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Prometí no volver a escribirte.

Prometí no volver a escribirte...
Prometí no volver a escribirte
hasta que tu perfume
golpeó mi estómago
la mañana de un miércoles
cualquiera.

El primer día del final dijiste:
“No quiero que me mires
como antes
pero tampoco soporto
que no lo hagas.”

— Mirarte es beber leche en el desierto.—

Éramos una tela de araña
que atrapa cada recuerdo
en una red
Empecé a echar de menos mis raíces cuando olvidé tu nombre.

Prometí no volver a escribirte
Prometí no volver a escribirte
Prometí no volver a escribirte, joder,
Prometí no volver a escribirte...




y no puedo parar de hacerlo.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Si acaso es que tú.

Tengo el domingo alojado en la garganta,
una canción de Andrés pidiendo cita
para este domingo de nostalgia y
un telón de luto
que no quiere presentar una obra llena
de actores muertos.
Una mariposa putrefacta
aleteando en mi tráquea.
Una copa de vino caliente
desmembrando cimientos
de murallas
hechas viento.

Y yo en llamas.

Hay una sombra de mujer posada en la pared
de mi cuarto.
Tengo los pies fríos,
las manos en modo río
y unas ganas inaguantables
de comerle los miedos
al suelo.

Somos tinieblas imaginarias
buscando respuestas
a cosas que nadie pregunta.

Tengo los sentimientos a piel de flores
y un cocodrilo que navega alrededor de un foso
con mi imagen flotando esperando a ser
devorada.

Nunca encontraré el norte
porque mi corazón
pertenece al sur.

Seguiré remando
si acaso es que oscurece
si acaso es que vuelve
si acaso es que .



domingo, 30 de noviembre de 2014

Semáforos.

Hoy he soñado con una explicación.
Con esa que no me debes,
con esa que no voy a pedirte
y sin embargo
deseo.

Voy manteniendo el equilibrio
entre las luces
que le ponen nombre a la lluvia
en esta ciudad-maravilla.

Corro por el filo de los adoquines
sin temer al coche que me empape
por fuera
también,
como en una carrera por salvarnos
de la muerte.

Son las siete de la mañana y ya huelo a café
suenan las tostadas,
ahora todos los desayunos
me saben a nostalgia
desde que tú no formas parte de ellos.

Me prometí fijar el límite al
compás de una balanza sin pesos,
pero cómo medir un sentimiento al que
no supimos ponerle
nombre.

He llegado al punto clave.
Sé la distancia concreta entre líneas
blancas y asfaltadas.
Sé lo rápido que debo saltar
si no quiero ser atropellada
por un beso tuyo.

Hace tiempo que dejó de darme miedo cruzar con los semáforos en rojo.








domingo, 2 de noviembre de 2014

Ilusos.

Ingrávidos, pálidos
etílicos, tácitos
ilícitos,
columnas sin dintel.
Humanos
deshumanizados
sin amor.

Muertos en vida obnubilados en lo superfluo.

Árboles secos
pasando desapercibidos ante
un mundo lleno de hojas
coloridas que viajan ansiosas
entre el viento
que mece el perfume del incienso
incipiente del callejón.
Autómatas onanistas,
ascetas profetizando
pueblos pacíficos
convertidos en ceniza.
Renuncias de sentimientos
en proceso de crecimiento errático,
vergüenzas disidentes buscando
un logaritmo
exacto.

Vacíos llenos de caídas al precipicio.

Nos escondemos para llorar
porque nos han instruido
en la debilidad
como seres alienados,
dormidos
apagados
que buscan símiles de antónimos
varados
en un mar de insatisfacción.

Redundantes siluetas personificadas
en claustrofobias anoréxicas
que anhelan el espejismo del
amor que nos han metido en la cabeza.

Somos soledad irradiando luz,
ascetas fieles a la violencia
del más culto,
palurdos explotados que salpican
su sangre tratando de curarse a sí mismos.
Guerreros buscando explicaciones
a preguntas que no saben formular,
artistas que no tienen que saber de arte
para crearlo,
robots cercenados
en la supremacía del mecenazgo.

Ausencias anuales repartidas
al mejor postor,
nubes calavéricas,
esqueletos que florecen
en un jardín de ensueño
intentando paliar la nostalgia
de una espera
eterna,
de un final rotundo
de un amor sin rumbo.

Navegantes del recuerdo,
soñadores de lo eterno.

Ilusos.




viernes, 24 de octubre de 2014

Tierra prometida.

Hay armaduras
que se derriten
ante una sonrisa
capaz
de sortear cualquier
abismo.

Hay bocas que crean adicción,
corazas que protegen, inútilmente, a dos corazones
que mueren de ganas de follarse
cada noche.

Hay besos de nenúfar que deshacen
la ropa que nos sobra
de los ojos
y le falta al suelo.

En la tierra prometida ya no hay oro. Está tu boca.