miércoles, 13 de agosto de 2014

Tienes boca de poema.

Tienes boca de poema
y no hay métrica que te limite.

Tienes un hipérbaton
de amor en la yema
de los dedos
y un símil en descomposición
cada vez que te muestras
-exhausta y llena
de deseo-,
como una vela sin oxígeno
que lucha por mantener con vida
la llama
de un recuerdo.

Tienes un diapasón
que se cree corazón
y marca un compás
de 3 por 4
cada vez que pasas
por aquel rosal
que te clavaste
en una coraza
hecha de harapos.

Tienes ojos de metáfora
y una piel
que ya quisieran personificar
algunos animales.
Pero si algo he de decir,
es que no he visto animal más salvaje
que cuando te miro a ti.

sábado, 9 de agosto de 2014

Estratosférica.

Tenía en la mirada un despertar taciturno, un rugir de mariposas caníbales que serían capaces de destruir toda coraza existente en el planeta.

La vi por primera vez camino de la facultad. Sus gafas redondas de sol, su pelo oscuro y sus labios rojos te petrificaban como si de la propia Medusa se tratara. Podía conseguir cualquier cosa, y lo sabía.
Volvimos a vernos por segunda vez en un mercadillo.
Una tarde de octubre vi a lo lejos una máscara antigás, y a ella, acercándose, -siempre supe que llegaría en un mes de revolución-.
Quería esa máscara a toda costa, pero se me adelantó, y entonces comprendí que tenía que conocerla.

Recuerdo que se llamaba Sofía, que sus labios se reflejaban en mis ojos y la luna sólo salía para contemplarla a ella. La timidez sucumbió a la tentación una noche azul y tras un par de copas y su acento del norte, el deseo venció.

Sus labios sabían a cerveza, suaves y dulces, como la ambrosía de la que se alimentaban en el Olimpo.
Se lanzó a mi cuello y desabrochó el primer botón de mi camisa dejando a la vista mi clavícula desnuda, aquella que no dudo en lamer. Su sonrisa estratosférica me transportaba a un lugar de fantasía. Recorrí cumbres suaves en las que quedarme a vivir. Cimas erguidas y rosadas en las que asomarme cada amanecer, al salir el sol. Desperté en un monte creado por diosas de otros mundos y supe, justo en ese instante en que me entregó toda su humedad, que nunca volvería a sentir cómo las mariposas me devoraban, y ella también.

Sus dedos recorrían mi cuerpo como un libro escrito en braile: tan sutil que conseguía que cada milímetro de mi piel se estremeciera sólo con el roce de su voz en mi oreja.

Era todo tan efímero y tan bello a la vez... Su cuerpo y el mío, desnudos, casi no se distinguían; pasaron días, semanas sin salir de aquella cama llena de éxtasis, de flores y mariposas saliéndonos de la boca y el sexo, de orgasmos tan intensos como las esposas con las que me esposaba a su cama sin contemplaciones y me hacía suya sin ningún atisbo de compasión.

Aún la siento a veces dentro de mí y la humedad se cierne sobre las mariposas que revolotean por mi sexo cada vez que recuerdo su voz gimiendo en mis tímpanos. Aún me recuerdo bebiendo su néctar, aún nos recuerdo follando encima de la mesa.

jueves, 7 de agosto de 2014

Gemidos de carmín.

Quiero morderte la voz,
hacer un mapa en braile
de las dos columnas
que definen
tu cuerpo
y encontrarme
a un beso de todo
el carmín
que tienes tatuado
en la boca.

Quiero acariciar tus deseos
mientras tu pelo
me roza,
buscar un gemido
que perfora toda tentación
que lleve tu nombre:

Atar mi sexo a tu boca.

Quiero sumergirme
en tu pecho
nadar en dos copas
de champagne rosado.
Anclar mis uñas a tus muslos
y olvidarnos de cualquier anochecer
que no haya
sido
trasnochado.

Olvidarnos de cualquier
mapa
en braile
que no haya sido
explorado.

martes, 5 de agosto de 2014

Orgullo y placebo.


Cuando mirabas,
dejabas el rastro de una
estrella fugaz cuando muere:
Triste, volátil,
efímera, brillante.

Cogimos a hombros nuestros
ataúdes y cargamos
con el peso de unos sueños
convertidos en polvos
de una noche
que no eran más que
un vacío pesado
que nos llenaba de callos
el alma.

Yo siempre fui de darlo todo
por amor
mientras que tú preferías entregar
un placebo voraz
con el orgullo
de un soldado que ha salido vivo
de una guerra
masacrando a un pueblo inocente.

Quisimos convertirnos en historia
y no fuimos más que el borrador
de una tragedia griega
venida a menos.
El argumento denso
de un cuento de pecado
que sólo ha dejado
un par de poemas
y la nostalgia en el fondo
de un vaso.

domingo, 27 de julio de 2014

Como una noria en medio del carnaval

Siempre quise vivir
en una casa
de techos tan altos
como mis sueños.

Nunca supe de amor
verdadero hasta que nació
mi hermana.
Construí cimientos de lienzos
para dejar gotear el misterio y
me enamoré
de tantas revoluciones
que amanecí
despeinada.

Busqué mi esencia en flores muertas y hojarasca,
perdí la suerte
-te encontré en mi almohada-.
Entregué toda mi vida a cambio
de la nada.

Escribí poemas
a musas de medio día
gemí en suspiros de media noche
hallé mi muerte
en miradas homicidas
y oculté mi vida
en mil cartas sin nombre.

Fiel a viejas glorias
tuve el valor de decir
la verdad:

Nunca fue amor
sino mala memoria
pensar
que alguna vez
seríamos como una noria
en medio del carnaval.

martes, 22 de julio de 2014

Deseo inmortal.


Lleva el deseo
en la punta de sus dedos
y no consigo deshacerme de su voz.

Tiene unos labios que han nacido
para ser mordidos
y yo nunca he sido de evitar la tentación.

Lleva en sus ojos el arrepentimiento
de no haber vivido lo suficiente
aún.
Juega conmigo,
se divierte en medio de la tormenta
sin darse cuenta de que ella es un rayo
sin tener luz.

Nunca pronuncia la palabra “amor”,
Nunca sonríe sin deseo
No teme aferrarse a las raíces de un abedul
cuando un alud corre a su encuentro.

No sé.



Tiene en su boca el secreto de la muerte
y yo nunca quise ser inmortal.




sábado, 5 de julio de 2014

Primaveras y precipicios.

Nunca fuimos fans de Cupido
y un 14 de febrero te dije adiós.

Nos jugamos febrero
a una carta
sin ningún as en la manga.

-Siempre te gustó jugar a todo o nada-.

Tú tejiste tu condena y yo aprendí
que no hay te quieros que valgan la pena
si están manchados de cobardía.

No puedes pedirle
primaveras a un corazón
lleno de otoño.

Te entregué flores extintas
que para ti no fueron más que migajas de margaritas
diciendo "Espera".

Pero me cansé de esperarte
al borde de un precipicio
que me recordaba a tus sábanas,
teñidas de miedo.

-Tú me esperabas al fondo-.

No fuiste más que eso:
Un invierno que siempre quiso probar todas las flores
sin aprender a querer a la que tenía.

Deberías tatuarte en la lengua
la palabra "cobardía".

Pero qué te voy a decir que ya no sepas,
vive huyendo y destrozando flores,
alimentándote de su néctar,
por mucho que lo intentes
nunca podrás saborear
la primavera.